26 mayo 2022, jueves
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A Lora del Río, mi pueblo, de uno de sus hijos

Cuando la gente se refiere a “su pueblo” y expresa con ello una identidad, lo hace desde su condición de originario, propiamente hablando de “hijo del pueblo”, una curiosa filiación que acaba aludiendo al primer nivel de identificación, el de la familia, el de la casa, asumido por la comunidad que parece ejercer una paternidad colectiva

Carmelo Lisón Tolosana: Invitación a la antropología cultural en España

Akal, 2004

El periodo que va desde el siglo XIII al XVIII legó a Lora un buen ramillete de linajes, a medio camino entre los caballeros hidalgos y ciudadanos y las oligarquías rurales de extracción labradora, la mayoría de ellos vinculados al grupo rector del Concejo, Justicia y Regimiento de la Villa, quedando ya para siempre unidos a su historia. Por ello, convencidos de la luz que arrojaría, sobre el devenir de la villa de Lora y la sociedad que la habitó, un estudio genealógico y prosopográfico de sus caballeros y oligarcas con datos y notas sobre las características propias de algunos personajes destacados, abordé en su momento dicho estudio señalando al paso sus particularidades, comunes en buena parte al resto de ciudades y villas aunque no exentas de personalidad propia (1).

A este amplio estudio genealógico y prosopográfico o de exploración retrospectiva pertenece el contenido de mi libro,  La familia Quintanilla. Lora y Carmona, siglos XV-XX. Genealogía y estudio histórico, editado en el año 2018 por la Asociación Espacio y Tiempo de Lora, que completé dos años después con un trabajo archivístico relacionado con él, Inventario del Fondo Documental Quintanilla y Casa Marquesal de Carrión de los Céspedes. Carmona y Lora del Río, Orense, Mérida y Villanueva de la Serena, cuya edición, motivada al haberse dado dicho fondo en préstamo de uso o comodato al Archivo Histórico Municipal de Lora del Río por doña Isabel Montoto Linares, marquesa de Carrión de los Céspedes, también corrió a cargo de la mencionada asociación. 

Historia local y familias

A pesar de las limitaciones de la documentación, sin libros sacramentales ni protocolos notariales, la dificultad de las uniones entre parientes o matrimonios consanguíneos (endogamia) y el problema de la caótica transmisión de apellidos (2), siempre me sentí seducido por este campo de la historia local relacionado con las familias, un inseparable binomio, a la vez olvidado o relegado a meras referencias en la bibliografía de la localidad, siendo nuestro objetivo principal, como lo ha sido siempre, el de enriquecerla, ahora en esta parcela, por la importancia que estos estudios tienen para entender en toda su dimensión el contexto social y dar a conocer los personajes, miembros de estas familias distinguidas y de otras menos pudientes, loreños que lograron destacarse y de los que hoy en día, salvo raras excepciones, nada sabíamos o permanecían olvidados.

En resumen, que sobre Lora hemos escrito mucho del señorío que sobre la villa ejerció la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén desde mediados del siglo XIII, después llamada de San Juan de Malta, hasta bien entrado el XIX, pero muy poco de la oligarquía que controló también el poder y la riqueza. El reducido número de familias que tuvieron “conciencia de grupo”, diferenciado del resto y que justificó su posición social con estatus nobiliario o sin él; coparon las regidurías perpetuas y los puestos administrativos del Cabildo; y tuvieron un mayor poder económico y social. 

En esta monografía, Familias de Lora del Río con Historia (siglos XIII-XVIII),  identificamos en el transcurrir del tiempo a una gran parte de la élite social y económica loreña  y, por ende, protagonista del poder, pudiendo incluirse, aunque a un nivel local, dentro de una de las corrientes historiográficas que estuvo de moda hace algunos años, la llamada historia social y del poder, y que aquí en Lora del Río hasta ahora, salvo mi trabajo sobre los Quintanilla,  no se había tocado en profundidad, a pesar de haber sido renovadora en su momento, contado con grandes perspectivas de futuro y ser digna de mención y estudio.

Monografía que aunque es muy extensa e intensa, por lo expuesto aquí, necesariamente necesitará de una segunda parte y de otros trabajos que con toda seguridad verán la luz más adelante, no encontrándose ni siquiera acabada en el punto y nivel que hubiese deseado por falta de documentación. La composición, diseño y maquetación de este vol. I se ha debido a la colaboración de don Manuel de la Cruz Gamero y algunas fotografías del interior y exterior son de don Antonio González Nuño.

El contenido de Familias de Lora del Río con Historia (siglos XIII-XVIII) se desarrolla siguiendo el orden alfabético del primer apellido de la familia. Hubiese preferido haberlo hecho cronológicamente, desde la más antigua a la última avecindada, pero desistí cuando me topé con los entronques documentados hasta finales del siglo XVIII, optando por exponer en este tomo de forma alfabética las que iniciaron su andadura en Lora entre los siglos XIII-XVI y en un segundo y próximo volumen las instaladas durante los siglos XVII y XVIII.

AGUAYO, ALBERTOS, ALONSO, ÁVILA O DÁVILA, BARBA DE LIÑÁN, BARBA RAMÍREZ DE TOLEDO, BARRERA, BARRIOS, BATALLANES, BEAS, BERNAL, CABRERA, CARBALLO, CARO, CARRERA, CARRERO, CEA, CERVANTES, CÓRDOBA, FERNÁNDEZ CARDEDALES, GARCÍA MIRANDA, GIL, GÓMEZ FERNÁNDEZ, GÓMEZ DE SETEFILLA, GÓNGORA, GONZÁLEZ HIDALGO, GUERRA MÁRQUEZ, HERRERA, LINARES CASTROVERDE, LIÑÁN, LISBONA, LÓPEZ, LÓPEZ DE ROJAS, MALLÉN, MARTÍN (FERNÁNDEZ) DE TORO, MAZUECOS, MESA, MONTALVO O MONTALBO, MONTAMARTA MONTESDEOCA, MONTERO DE LA BARRERA, OROZCO, OZANA, PÉREZ, QUINTANILLA, QUIRÓS, SÁNCHEZ DE CALA, SÁNCHEZ TIERNO, SOTOMAYOR, TELLO DE ESPINOSA, VALENCIA, VÁZQUEZ, XIMÉNEZ NARANJO Y ZÚÑIGA.    

Dado que el problema de la endogamia es fácil de entender para cualquier genealogista, insisto en la enorme dificultad que me ha supuesto la vulgar transmisión de apellidos en muchas familias y como muestra os pongo un botón. Así se defiende Pedro de Liñán Medrano, maestro herrador, en un pleito del siglo XVIII, al que me refiero en el texto, por un patronato laical familiar fundado en el siglo XVI, en poder de los bailíos o señores de la villa desde 1691:

Otrosi, digo que por parte de Su Excelencia se me ha objetado la diversidad de apellidos que tienen entre sí Isavel Ximenes de Hosana, Diego de Hosana y Mensia Carrillo, mujer del fundador, todos tres hermanos enteros, y legítimos como hijos de unos propios padres, a lo que dio causa la vulgaridad de la gente que aun se continua al presente, pues Don Pedro Carballo, Presbítero, Don Juan de la Carrera, Don Diego de la Vega, hermanos enteros, y legítimos por ser hijos de don Bartholome Carvallo Rebollar y de Doña Leonor de la Carrera, la misma variedad de apellidos se encuentran en Don Francisco Garsia, Presbítero, Don Alonso Rodriguez y Doña Isabel de León, hermanos, hijos de don Juan Garsia y de Doña Ana de Liñán, padres de todos tres, y con la misma variedad se denominan fray Juan Capote, Sevastián de Rojas y Pedro Guerra Marques, hermanos, hijos de Luis Capote y de Cathalina de Rojas, y con esta variedad se pueden comprehender otras muchas familias que la vulgaridad de las gentes, y ellos propios establecen, estendiendolas hasta los contratos matrimoniales y otros públicos en aquellos vulgares apellidos con que se conocen”.    

Faltándonos los libros sacramentales y los protocolos notariales, dos de las más importantes fuentes consultadas han sido la documentación relacionada con Lora conservada en el Archivo de la Real Chancillería de Granada, tanto en la sección de pleitos como en la de hidalguías, y la relativa a capellanías, hospitales, patronatos y memorias, depositada en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla. 

En la de Granada, sección de hidalguías, que he trillado completamente en cuanto a las familias loreñas, la más mínima información que puede obtenerse sobre alguna es la referida a la pretensión del cabeza para ser reconocido hijodalgo. Os pongo el ejemplo de los  AGUAYO  loreños, la primera familia de la lista por orden alfábetico. Gracias a un expediente sabemos que Martín de Aguayo, vecino y escribano público de Lora, representado por el procurador Álvaro de Garavito, pleitea insistentemente por su hidalguía en la Chancillería de Granada ante los Alcaldes de los Hijosdalgo contra el Cabildo, Justicia y Regimiento de la villa de Lora, opuesto a reconocerle tal condición, consiguiendo una Real provisión de emplazamiento por nueva demanda contra el Concejo de Lora el 30 de enero de 1568 (3). Como he dicho, poco es, si comparamos este expediente con otros más ricos de contenido, de los que hemos obtenido numerosos datos.

La documentación de hidalguías de familias loreñas del Archivo de la Real Chancillería de Granada está relacionada con la que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Lora del Río, en la sección Varios. 21, con el nombre de Pruebas de Sangre, legajos 876 y 877, que también he consultado y desmenuzado en su totalidad. Estos expedientes, al igual que los de Granada, constituyen una fuente histórica de notable valor para los estudios de carácter familiar y social, y particularmente de genealogía. En ellos, los aspirantes a ser recibidos en el estado de los hijosdalgo, aportan pruebas de su nobleza, legitimidad y limpieza de sangre, teniendo que ser luego confirmadas con informaciones recabadas en las localidades originarias de sus padres y abuelos, certificaciones de partidas de bautismos y matrimonios del interesado y de la familia más directa hasta los abuelos, pruebas testificales e interrogatorios sobre su conducta, virtud, moralidad y cristiandad.  

En el Archivo General del Arzobispado de Sevilla, de la abundante documentación sobre capellanías (4), patronatos (5), hospitales (6) y memorias (7) instituidas en Lora, después mantenidas, obtuve preciosos datos sobre sus fundadores, descendientes y parientes, de los que me serví para ampliar con ellos el campo de estudio previsto, limitado inicialmente a familias hidalgas, definiéndose mejor el contenido de esta obra con el título que lleva, Familias de Lora del Río con Historia (siglos XIII-XVIII), las que he podido documentar, tanto nobles como plebeyas, pero todas ellas con un cierto nivel económico. 

A las familias supuestamente hidalgas o que obtuvieron Ejecutoria, incluso a las que acariciaron o aspiraron a la hidalguía, les he señalado un escudo, suponiendo que adoptaron o heredaron el correspondiente blasón del linaje.  Pero es importante saber que los escudos no pertenecen a los apellidos. Existen muchas familias portadoras de un mismo apellido pero con diferentes orígenes, siendo necesario apoyarnos en la genealogía para saber con certeza si nos corresponde un escudo en concreto.

Por último, sería un error no referirme al padrón más antiguo que resulta cuando los Reyes Católicos, que en noviembre de 1490 habían estado otra vez por aquí, piden a Lora para la guerra de Granada, concretamente para la toma de la ciudad, nada menos que 157 peones (a razón de 10.300 maravedíes cada uno) y 150 bestias, la mitad de ellas cargadas de harina y cebada, ascendiendo el servicio por orden del Consejo Real a 1.777.250 maravedíes, que fueron pagados por todos los vecinos y moradores de Lora y Setefilla con arreglo a las cuantías en que fueron evaluados sus bienes, incluidos hidalgos y francos a petición del Concejo y hombres buenos de Lora, siendo alcaldes Juan de Mallén (en lugar de Rodrigo de Quintanilla) y Alonso López de la Calleja; alguacil, Pedro López de Loyola; regidores, Juan de Mallén y Martín de Bergara; y procurador del Concejo, Jorge de Toro (8).

Este padrón fiscal o repartimiento, junto con otros que desde 1491 llegaban a 1534, desde el punto de vista demográfico fue estudiado por Mercedes Borrero Fernández y María Luisa Pardo Rodríguez, dándonos una población vecinal de 675 vecinos (613 vecinos y 62 menores) y 15 albarranes (sin domicilio fijo), entre 2.514 y 2.820 habitantes (9).

Nosotros nos limitaremos a sacar de la lista de 1491 nombres y apellidos, no todos por las limitaciones que ofrece el padrón, intentando con la relación que va a continuación de la introducción histórica integrar en este libro, por infumable que sea dar un nombre tras otro esto, otros protagonistas, ricos y pobres, vecinos y pobladores de Lora en 1491, un año antes del Descubrimiento de América, muchos de ellos llegados de otras partes si tenemos en cuenta sus apellidos geográficos o gentilicios, seguramente por las bondades y expectativas que se habían abierto en el término con la donación que el 18 de agosto de 1477 había realizado el Prior de San Juan frey don Álvaro de Zúñiga.    

JOSÉ GONZÁLEZ CARBALLO

En Lora del Río, sábado, 5 de febrero de 2022

1. Inicié este estudio tras leer el artículo de Rafael SÁNCHEZ SAUS, «Caballeros y oligarcas en la Carmona medieval: formación, desarrollo y límites de un grupo social», en  Actas del I Congreso de Historia de Carmona, Sevilla, 1998, págs. 479-497.   

2. Historiadores y genealogistas, entre ellos Antonio Alfaro de Prado, afirman que hubo una libertad total o una auténtica «anarquía de los apellidos» desde que éstos surgieron hasta el siglo XIX en España.  Prescindamos de nuestra visión actual de que los apellidos tenían que usarse según unas normas determinadas. La norma más habitual que podemos encontrar es la de que los hijos heredasen el apellido paterno, pero esto no siempre se cumplía, a veces escogían el materno, otras veces usaban varios sin aparente orden, o uno que resulta desconocido para la familia o bien otro que quizás era usado por algún abuelo o pariente. Encontramos alteraciones de orden, hermanos con diferentes apellidos, una misma persona que declara tener diferentes apellidos en distintos documentos, uniones y separaciones de apellidos. Y aunque es verdad que aparecen personas que usaban el apellido paterno y el materno como en la actualidad, principalmente en las familias hidalgas y ricas, son excepciones. El uso de un apellido u otro pertenecía al ámbito privado, las personas y familias podían usar los apellidos que por tradición, origen o por cualquier otra causa quisieran adoptar. No había un sistema oficial y no era preciso pedir autorización para escoger apellido. La única excepción a esta libertad era el caso en que se adoptase un apellido con intención de engaño, fraude o que por cualquier otra causa se pretendiese dañar a terceros. Muchas veces surgen apellidos aparentemente desconocidos que, al investigar la genealogía, descubrimos que procedían de alguna rama familiar. La variabilidad en el uso de apellidos se fue reduciendo progresivamente desde los primeros siglos en que aparecieron. Con el paso del tiempo se generalizó la costumbre de usar el apellido paterno como principal de la familia y cada vez más se fue fijando en las sucesivas generaciones. Si en el XV-XVI eran más las excepciones que la norma, desde el XVII y plenamente en el XVIII-XIX lo habitual será encontrar la sucesión del apellido paterno. Aunque ya desde el XV algunas personas comenzaron excepcionalmente a usar el apellido paterno y materno, fue una costumbre que se generalizó paulatinamente en siglos posteriores. Una causa muy frecuente por la que no se adoptaba el apellido paterno lo encontramos en el concepto de primogenitura; se entendía que la representación familiar recaía en el primer hijo varón, o hija en su defecto, que eran quienes estaban obligados a mantener el linaje y con ello normalmente el apellido. Por tanto los hijos segundones y las hijas al no tener esta responsabilidad gozaban de mayor libertad para escoger sus apellidos. Otras causas de esta caótica transmisión de apellidos fueron la vanidad de escoger apellidos familiares más altisonantes o bien considerados que el paterno, el deseo de emprender nuevas vidas y/o dejar atrás el rastro familiar (como ocurre en tantas anotaciones de los pasajeros a Indias y en las familias conversas), la renuncia al apellido paterno por disputas familiares y la costumbre en algunas zonas de que las hijas llevasen los apellidos de la madre.

3. ARCHGR, Archivo de la Real Chancillería de Granada, Hidalguías. Real provisión de emplazamiento por nueva demanda a pedimento de Martín de Aguayo, vecino de Lora. Signatura: 5100-014. Caja: 05100. Pieza: 014.

4. Una de las formas que presentó el sistema de amortización de bienes fueron las capellanías como modalidad de beneficio eclesiástico simple. Los bienes vinculados a ellas eran fundamentalmente tierras de pan, viñas, olivares, huertas, molinos, casas y capitales, cuyas rentas y/o tributos y censos  aseguraban el sostenimiento de la celebración perpetua de unas misas de última voluntad, previamente determinadas por sus fundadores para remedio del alma. Las capellanías además, cuando eran de carácter privado laical o inter legos, desempeñaban una clara función económica pues en la mayoría de los casos el fundador designaba como patronos o administradores y capellanes o servidores a miembros de su propia familia, con lo que en teoría se garantizaba, por un lado, el cumplimiento de la finalidad espiritual de la fundación, y, por otro, se aseguraba económicamente el futuro de un hijo o pariente y otros sucesores de la familia que fuesen ordenados de menores órdenes o presbíteros, dado que el beneficio de los bienes con que estaban dotadas era, por lo general, suficiente para proporcionar al clérigo titular o capellán una vida más que desahogada.

5. Eran también obras pías aquellas fundaciones dotadas de bienes, llamadas de modo genérico patronatos, cuya renta o beneficio se destinaba a casar doncellas huérfanas o pobres, siempre que éstas fuesen cristianas viejas, honestas y de buena vida, fama y costumbre, a las que se les hacía entrega de una dote o ayuda de casamiento de acuerdo a lo dispuesto en el correspondiente protocolo fundacional, designándose las beneficiarias la mayoría de las veces dentro del círculo familiar del titular del patronato.

6. La fundación de hospitales concebidos como obras pías de beneficiencia fue muy característico de la Edad Media. Como ya vimos en otro lugar, fundados por la Orden de San Juan las encomiendas sanjuanistas andaluzas contaron con instituciones de este tipo, cuyos recursos, para atender a sus fines asistenciales y piadosos, muy reducidos, también consistieron en olivares, viñas, tierras de labor, casas y tributos, a los que en ocasiones se sumaban ingresos procedentes de limosnas y mandas testamentarias. A ellos se unieron, por iniciativa popular, otros hospitales, algunos con capillas, además de instituciones asistenciales, que, aunque no se fundan en Alcolea ni en Tocina por ser encomiendas de menor población, sí aparecen en Lora.

7. Son sufragios de larga duración, administrados por las colecturías de las iglesias, que consistían en la celebración anual y con carácter perpetuo de determinadas misas, rezadas o cantadas, mandadas a decir por el otorgante generalmente en la conmemoración del aniversario de su muerte o festividad de especial devoción. Estas memorias eran dotadas por sus fundadores con unos bienes raíces o limosnas que pasaban a propiedad de la fábrica o bienes de cada iglesia, cuyo mayordomo corría con los gastos de los sufragios de forma perpetua, o, por el contrario, el fundador dejaba la dotación a algún familiar, particular, cofradía, capellanía, mayorazgo, vínculo u obra pía, con la condición o carga del coste de la memoria. En el Archivo General del Arzobispado de Sevilla, AGAS,  Justicia, leg. 134, puede verse, al respecto, el  libro protocolo de las remembranzas cantadas y rezadas que se cantan y dicen en la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción de la villa de Lora (1709). Las memorias son una realidad en las iglesias priorales de las tres encomiendas sanjuanistas andaluzas, destacándose por su cantidad y entidad las fundadas en Lora en la iglesia mayor de Nuestra Señora Santa María de la Asunción.

8. Archivo Ducal de Medinaceli, Sección Medinaceli, leg. 65, nº 18. Repartimiento mandado a realizar el 18 de marzo de 1491, ante el requerimiento real hecho al Concejo de Lora por Gonzalo Delgadillo y Juan de León. Traslado hecho en Sevilla por Francisco Ximénez de Arteaga el 28 de enero de 1566 para presentarlo como prueba documental, tras haber sido sacado el original del archivo de Lora el 13 de diciembre de 1565 en vitud de Real provisión presentada por Diego de Luyando Huarte, apoderado de don Juan de la Cerda, siendo escribano Alonso de Córdoba,  con motivo de un pleito que entonces seguía el duque don Juan de la Cerda, señor de Medinaceli, con el Concejo de Lora. AGS, Registro General del Sello, VIII, fol. 100, vol. VIII, Valladolid, 1963, pág. 142, nº 984 (1491, marzo, 23, Sevilla). A petición del Concejo y hombres buenos de la villa de Lora, por causa de los hidalgos y privilegiados que nuevamente se querían de exentar de pagar, orden para que la dicha villa haga repartimiento de gente y bestias, con motivo de la entrada que el Rey proyectaba contra la ciudad de Granada en el próximo verano, según lo había hecho anteriormente.

9.  “La población de Lora del Río de 1491 a 1534”. Comunicación presentada al I Coloquio de Historia Medieval Andaluza, celebrado en Córdoba del 8 al 10 de noviembre de 1979. Separata publicada en 1983 por la Agrupación Cultural “Amigos de Lora”, con la colaboración de la Revista Archivo Hispalense de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla y la Delegación de la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Lora del Río.

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